Libro: Escribiendo historia, el arte y el oficio de narrar en el periodismo.
Autor: Juan José Hoyos
Por: Lizeth cano mesa
Aunque desde hace décadas se había predicho la muerte de las novelas escritas por la venida de las nuevas tecnologías y estructuras gramaticales, se ha demostrado que el estilo creativo de los atores ha superado estos desafíos, haciendo cada vez más importante el género narrativo.
Por su parte, en el periodismo ha ocurrido algo parecido, pues diariamente los editores de los medios impresos tienen el compromiso de seducir y atrapar al lector, a partir de un hecho que ya ha sido transmitido por medios televisivos, radiales y/o masivos.
Según el periodista argentino Tomás Eloy Martínez, la liberación de escribir en las primeras líneas una noticia que responda a las conocidas como “w” (qué, cómo, cuándo, etc.) ha sido definitiva. Lo cual reitera que, en los mejores periódicos a nivel mundial, se ha vuelto al estilo primitivo de narrar.
Es de saberse que los referentes que hoy día tomamos como grandes exponentes de la literatura narrativa, como Daniel Defoe, Ambrose Bierce, Jack London, entre muchos otros por citar, reconocen que los yacimientos de la producción literaria-periodística, parte con los deseos imperantes de relatar a partir de la realidad. Esto es a partir de la crónica, pues como lo afirma un productor de gran potestad para mencionar, “Estos grandes narradores, cuando escribieron relatos de corte literario o periodístico demostraron que “la realidad no nos pasa delante de los ojos como una naturaleza muerta, sino como un relato, en el que hay diálogos, enfermedades, amores, además de estadísticas y discursos”. (p.34)
Más adelante, con la invención del telégrafo y la aparición de las grandes agencias de noticias a nivel mundial, se fué desplazando los estilos pioneros que habían predominado al contar los hechos: la narración y argumentación –crónica-, por las denominadas “noticias”.
Las noticias suprimían todo tipo de opinión personal del escritor, y reorganizaba los hechos no en la secuencia que hayan ocurrido los acontecimientos sino, de tal manera que al comienzo estuviese la información más imperante, seguida de un desarrollo más minucioso y preciso de la noticia. Esto se denominó “pirámide invertida”.
Fué entonces cuando algunos periodistas, empeñados por preservar la naturaleza de contar, adoptaron nuevas formas y dieron el surgimiento de estilos que hasta hoy día perduran: la entrevista y el reportaje. En los cuales, la voz del periodista que era pasiva en las noticias, pasó a ser más activa y participativa
Así por ejemplo, el escritor y periodista José Martí, de Cuba, quien utilizó todas las herramientas necesarias para dar vida a la información y llamar mejor la atención , no tardó en darse cuenta que “escribir bien y emocionar al público no son cosas quien riñen con la calidad del texto periodístico sino que son atributos que deben coexistir”. (p.36)
A comienzos del siglo xx, los paradigmas establecidos en el periodismo narrativo se han visto deterioradas por la invención y propagación de los medios electrónicos, pues los lectores cada vez encuentran más pretextos para dejar de lado las lecturas que requieren de tiempo.
sin embargo ,con esta conformación estable de los medios electrónicos, ha asegurado cierta prevalencia de los géneros narrativos, ya que son el mejor indicio de conservar la memoria cultural en la sociedad y, además como lo afirma Martínez “permiten abarcar la realidad de modo total y transmitirla al lector como una vivencia en la que están involucrados todos los sentidos”. (p. 38).
Ahora bien, otro tema conforme a la narrativa, ha sido el de las historias escritas u orales. Cabe aclarar, que no se puede llamar historia a aquellas producciones que altera la secuencia cronológica de los sucesos (como en la pirámide invertida), sino mas bien, son las elaboraciones que tejen un hilo ordenado sucesivamente por los hechos, y que responden a una estructura más compleja que el simple hecho de contar. Esta última calificación de simplicidad es el factor del relato oral “porque no suponen más que un solo narrador explicito y una sola actividad de comunicación narrativa, la que se efectúa, aquí y ahora, cuando los dos interlocutores están en presencia el no del otro”. (p. 40)
Las historias escritas tienen pues dos vertientes: por un lado, se vale de hechos de la cotidianidad para recrearla de tal manera que corresponda a descripciones mas exactas –historias de no ficción -; mientras que el otro aspecto obedece a descripciones que van ligadas a la manera personal del redactor-historias de ficción-. Todo ello con una finalidad: conseguir captar la atención y cautivar al lector para que siga consumiendo palabra a palabra las narraciones, o en su defecto, las termine por odiar.
Morgan Forster, introduce en la narrativa otro elemento: el valor, como “algo que no se mide en minutos ni en horas, sino en intensidad”. (p. 44)
El valor junto con la cronología ya antes mencionada, representan la secuencia y potencialidad de cada partícula textual, y se interrelacionan entre sí, para hacer vivir la esencia de la narrativa escrita en el deleite de la memoria personal.
Teresa Imizcuz agrega además, otro ente en la producción de las historias, denominada “acción”. La acción vista no solo desde lo que se hace, sino también lo que le pasa a cada uno de los personajes que hacer parte del texto.
A modo de síntesis, hago hincapié en el sentido fundamental de este capítulo –“volver a narrar”- del libro Escribiendo historia, el arte y el oficio de narrar en el periodismo, cuyo autor es Juan José Hoyos. En el cual se puntualiza que, los diversos géneros periodísticos y narrativos (desde la noticia, el perfil, la crónica, el reportaje, entre otros), parten de la lectura de la realidad. Realidad donde no son antagónicos los sentidos, la emocionalidad y racionalidad personal, sino que demuestran la dinámica constante que diariamente van formando una nueva manera de contar, sin dejar de lado las vivencias de la sociedad.
domingo, 16 de agosto de 2009
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